sábado, 6 de febrero de 2016

Zika: ¿Qué espera la administración?


Armando Brugés Dávila.
Por estos días he visto con terror las noticias relacionadas con el problema de salud que se viene presentando en el mundo debido a la propagación del virus denominado zika, el que se identificó por primera vez en Uganda, precisamente en los bosques de Zika, en 1947 en un mono Rhesus. Posteriormente se encontró en seres humanos en Tanzania y Nigeria. El primer caso en el continente americano se reportó en 2014 en la Isla de Pascua (Chile). De allí para adelante su expansión y desarrollo ha sido impresionante, de acuerdo a los informes oficiales.
Su período de incubación suele ser de 3 a 7 días, con una sintomatología de fiebre leve, sarpullido, conjuntivitis, dolor de cabeza, dolor en las articulaciones y músculos y obviamente malestar general. Pero también puede presentarse de manera asintomática, esto es sin sintomatología  alguna, en la persona afectada pero que ésta al ser picada por el mosquito Aedes aegypti convierte a éste en un transmisor más del virus. Incluso se sospecha que se puede trasmitir por contacto sexual.
Bueno y cuál es el problema, se preguntarán algunos lectores. El aprieto radica en que este mosquito, el Aedes aegypti, además de trasmitir el zika, trasmite también el dengue, el dengue hemorrágico y el chikungunya y como si esto fuera poco, tiene como su hábitat natural las zonas tropicales del planeta y nuestra cara ciudad se encuentra ubicada precisamente en dicha zona geográfica. Es más,  la Organización Mundial de la Salud tiene el temor de que la misma se convierta en una pandemia a nivel planetario de proporciones enormes, dado que por los efectos colaterales se corre el riesgo de desarrollar en el feto de la mujer embarazada, microcefalias y malformaciones si la virosis ha sido contraída por la madre  en el primer semestre del mismo. Y aquí no quedan las cosas, ya que  la misma OMS sospecha que en caso de adultos puede terminar generando el Síndrome Guillain Barré, un problema de salud que afecta el sistema nervioso del enfermo, el cual es atacado por su propio sistema inmunitario. En ambos casos, el costo social y económico de dichos tratamientos, resulta altísimo.
Y es aquí en donde radica mi preocupación: mientras en Barranquilla se aprovecharon de los carnavales para solicitar la colaboración del Minsalud de realizar fumigaciones masivas al menos en la zona de los desfiles de los  carnavales, aquí no se ve gestión alguna al respecto o por lo menos no se ven acciones concretas para enfrentar semejante fenómeno viral, del que la ciudad tiene un alto índice de riesgo. Ni para decir que contamos con una red hospitalaria siquiera aceptable en el sector privado, mucho menos en el público.
El presidente Santos ya está hablando de unos 600 mil casos, los cuales implicarían unos  500 casos de niños recién nacidos con microcefalia y 500 de adultos con Guillain-Barré.
¿Qué estarán esperando las autoridades del Distrito para tomar cartas en el asunto? ¿Si una cuestión tan delicada de salud pública no amerita atención prioritaria, entonces cuál?
Ahora que si a usted, apreciado lector, no le gusta tragar entero y quiere sorprenderse conociendo otra versión sobre el tema, los invito a que ingresen a http://elrobotpescador.com/2016/01/29/virus-zika-otra-estafa-gigantesca/  en donde Jon Rappoport, un reportero investigativo, mediante un muy buen documentado informe hace un análisis de la situación, partiendo del principio de que la histeria vende y es el momento de volver a provocar histeria de nuevo.


 Artículo publicado en El Informador 06-02-2016

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