martes, 21 de mayo de 2013

Los senos de Angelina Jolie.

Por Armando Brugés Dávila.

 En 1994 el mundo científico sorprendió con una noticia casi que de ciencia ficción: se habían descubierto los genes  responsables del cáncer de mama, el BRCA 1 y el BRCA 2. Según el científico T. Colin Campbell, autor de El estudio de China,  lo que se dijo en su momento fue que el riesgo de carcinoma en mama era mayor cuando se producía la mutación de estos genes, tanto en los senos como en los ovarios, en tanto que ya mutados podían transmitirse de generación en generación. La conmoción fue terrible. En los Estados Unidos miles de mujeres resultaron en las salas de cirugías en busca de la mastectomía, aterradas ante la posibilidad de sufrir la enfermedad como consecuencia de haberla sufrido su madre o su hermana. A la que obligatoriamente le sigue la ooforectomía, extirpación ovárica, que es lo más conveniente de acuerdo a esta teoría de los genes cancerígenos. Pero el asunto no termina allí; en estos momentos, madres están llevando a sus hijas adolescentes a hacerles la intervención a fin de evitarles los futuros padecimientos de tan horrible mal, teniendo en cuenta estos postulados teóricos.
Pero el mismo doctor Campbell señala: primero, que lo que no  se dijo en ese momento fue que sólo un 10.2% de la población en general, era portadora de las formas mutantes de esos genes, y que como estas aberraciones genéticas eran extrañas, sólo un pequeño porcentaje de los cáncer de mama podían ser atribuidos a una mutación de los genes BRCA1 y BRCA2; segundo,  que con toda seguridad esos no son los únicos genes que participan en el proceso y que pronto aparecerán otros; y tercero, que de acuerdo a la investigación realizada por él y su equipo de colaboradores, la sóla presencia de los genes BRCA1 y BRCA2, no son determinantes para causar la enfermedad. En su criterio, factores ambientales y nutricionales son esenciales para desarrollar o evitar la acción de dichos genes.
Vayamos ahora al nudo del problema; resulta que la compañía estadounidense MyriadGenetics, es la propietaria de las patentes de las pruebas relacionadas con dichos genes, lo cual significa que tiene la facultad de detener todas las investigaciones que tengan que ver con estos genes, pero como si esto no fuera suficiente tiene el monopolio total y absoluto para realizar  o autorizar dicha prueba, la cual tiene un costo de más de 3.000 dólares, unos seis millones de pesos. Esto fue lo que pagó Angelina Jolie, nada más por el examen; del valor de la mastectomía no se habló. De todo esto, lo que me huele mal es la invitación que la actriz hace a las mujeres del mundo en una página de opinión del New York Times, afirmando: “Espero que otras mujeres puedan aprovechar mi experiencia. La palabra cáncer todavía suscita temor en el corazón de la gente y produce un profundo sentimiento de impotencia. Pero en la actualidad es posible determinar con un análisis de sangre si una tiene una alta propensión a tener cáncer de mama y de ovarios, y luego tomar medidas”.
Para ser sincero esto no me convence; me huele a mercadeo ramplón, al punto que acaba de anunciar nuevamente a los cuatro vientos, que se va a realizar la extirpación de los ovarios. Algunos me dirán que yo por qué me meto en estas aguas si no soy ni enfermero, y tienen toda la razón del mundo. Pero lo hago porque me estoy leyendo “El Estudio de China” de T. Colin Campbell, considerado el proyecto de investigación más ambicioso en la historia de la medicina, y con lo que he leído no me queda duda que el cáncer no solo es evitable sino también curable con un simple cambio en nuestra dieta alimenticia.
A los interesados en el tema pueden contactarme armandobrugesdavila@gmail.com . Ya basta de tanta cuchilla.

 

 

 

 

 

 

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