lunes, 6 de octubre de 2014

La prostitución en el Congreso.


Por Armando Brugés Dávila.
Estoy por creer que el cuento ese que dice, somos el país con la población  más feliz del mundo, es cierto; los colombianos olvidamos con facilidad sorprendente y de eso se aprovechan los que de una u otra manera resultan beneficiados con el hecho de que ciertos sucesos que atentan contra el bien común, sean olvidados rápidamente por la comunidad nacional mediante una muy bien orquestada política de medios, que les permite generar una cortina de humo con otros sucesos que resultan interesantes, pero que no tienen la trascendencia social y política que pueden tener los otros que resultan sometidos al ostracismo mediático.
En días pasados, la radio resultó con una noticia que paró las antenas de la chismografía de este país. En una entrevista que le hacían a la ministra de Comercio, Cecilia Álvarez, le preguntaron sobre su relación de pareja con su compañera de gabinete, la ministra de educación Gina Parodi,  y ella muy serena y valiente no lo negó, diciendo que como ser humano no podía desconocer lo que era. Pero a su vez lanzó una pregunta a la periodista, la cual resultó de una mordacidad impresionante: ¿Por qué estas preguntas no se las hacen a los hombres?, la que remató con otra más contundente aún: ¿Cuántos hombres con tendencias como las nuestras han estado en los gabinetes? Ambas, por obvias razones, quedaron sin respuesta por parte de la periodista. Pero esta última había logrado lo que quería. El escándalo fue mayúsculo, prensa, radio y televisión afinaron sus baterías y duplicaron lectores y sintonía. Parecía que el propósito iba más allá, pues casi que de inmediato una revista On line, sacó a relucir la relación de pareja existente entre la congresista Angélica Lozano y la senadora Claudia López, situación que moralistas y avivatos  quisieron aprovechar para sacarlas del Congreso. Obviamente, igual deseo se explicitó por ciertos sectores de la reacción en relación con las dos ministras. Todo ello permitía agrandar el escándalo que se venía montando, en mi criterio, para echarle tierra a algo que estaba aconteciendo pero que no podía comprender de entrada.
Hasta que de pronto recordé que no hacía muchos días, el país había sufrido un conmoción al encontrarse con que la Fiscalía General de la Nación había reabierto el caso de la Alférez, Lina Maritza Zapata, de sólo 19 años, quien aparentemente se había suicidado en el interior de la Escuela de Policía General Santander, caso que había sido archivado, porque a decir del ente investigador no había méritos suficientes para calificarlo como homicidio, no obstante que Medicina Legal había declarado no haber encontrado rastros de pólvora en las manos del Alférez y nadie parecía haber escuchado el disparo. Sólo sus padres, quienes  tuvieron que salir del país aterrados ante las amenazas, siguieron insistiendo en que su hija había sido asesinada por haber encontrado algo muy sucio al interior de la institución policial. Siete años después, hay testigos que hablan de una red de prostitución al interior de la institución que usaba cadetes, hombres y mujeres, denominada  “Comunidad del Anillo”. Y señalan como cerebro de la misma a un coronel, para la época  jefe de seguridad del Congreso de la República, quien los llevaba allí para prostituirlos. Un testigo, que incluso publicó un vídeo en Youtube, manifiesta que el mencionado coronel se presentaba a la institución de formación policial, en busca de alférez y cadetes para ofrecerlos en el Congreso, donde se encontraba su centro de operaciones, a senadores, representantes, alcaldes, gobernadores, empresarios, incluso hasta cabecillas de las autodefensas. Pero no se queda allí; también declara que ese señor, abusó sexualmente de él, amenazándolo posteriormente con que si decía algo, él publicaría los vídeos que le había grabado y le haría daño a su familia.
Estas declaraciones, en cualquier otra parte del mundo hubieran sido causa más que suficiente, para que la cabeza  de más de un jefe de la cúpula policial rodara  sin contemplaciones; pero no, aquí tiene más importancia y es más noticia, que dos viejas que por sí y ante sí deciden asumir el papel sexual con que las dotó la naturaleza sin ellas pedírselo, que entrar a esclarecer esta especie de Sodoma y Gomorra moral que impera en el Congreso de la República y en la Policía Nacional. El señor ministro de la Defensa debiera decir algo.
La diferencia es grande entre uno y otro caso: En el de las damas, el hecho es consentido por las partes, lo que no sucede en el caso de la Escuela General Santander, en donde un proxeneta abusando no sólo de su jerarquía militar sino también del chantaje, se da el lujo de acabar con la vida física y emocional de personas que jamás pensaron que ingresar a una institución, que había sido su sueño desde niños, fuera a terminar en semejante tragedia de vida. Pero, como es el Congreso y la institución policial las que están de por medio, todo podría quedar como muchas en este país, en nada.
Esta podría ser la respuesta a la ministra de, por qué a los hombres en el gobierno no les hacen esas preguntas y menos la de cuántos hombres con tendencias como las de ellas han estado en los gabinetes: La sorpresa podría resultar mayúscula.





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