Por estos
días llegó a mi correo un ensayo adaptado de una entrevista realizada
(12-06-2013) a Noam Chomsky, profesor emérito en el Departamento de Lingüística
y filosofía del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Después de su lectura,
realmente queda uno desarmado ante lo que expone el filósofo estadounidense. En
él se refiere el intelectual, al peligro inminente en que se encuentra la
humanidad en este momento de la historia, consecuencia de haber logrado los
seres humanos por primera vez como especie, la capacidad de poder destruirse a
sí misma, capacidad que a su entender iniciamos en 1945 con el descubrimiento y
elaboración de la bomba atómica. Es tal la capacidad de los sistemas de armas
nucleares existentes, que con asombro se pregunta: ¿Qué está haciendo la gente
frente a esta situación? En su criterio, nada de lo que está sucediendo es
secreto. Es más el esfuerzo que hay que hacer para no verlo que para verlo. Y
le llama la atención que son las sociedades menos desarrolladas, y lo que queda
de las poblaciones indígenas, los que realmente se preocupan y quienes no
hablan de guerra nuclear sino de desastre ambiental. Pero hablan. El resto del
mundo parece que no se percataran de nada.
En su
criterio, con el sólo hecho de que una gran potencia inicie un ataque nuclear,
aun sin alcanzar a haber represalia, es muy probable que la civilización actual
desaparezca, sólo como consecuencia del invierno nuclear ocasionado por el
primer ataque.
No en vano,
dice el intelectual que cuando se dio el suceso de la Crisis de los Misiles de
Cuba, el historiador Arthur Schlesinger, para la época asesor de Kennedy, lo
denominó como el “momento más peligroso en la historia”. En su criterio, lo que
sucedió en aquel instante fue cosa de locos. Algo similar, dice, sucedió diez
años después, cuando Kissinger, una vez que informó a los israelíes que podían
violar el alto al fuego que acababan de acordar USA y Rusia, de no
interferencia en la guerra arabe-isrealí, emitió una alerta nuclear de alto
nivel, Por eso, su preocupación se centra en las crisis nucleares de Corea del
Norte y de Irán; de allí su interés por una propuesta que viene rodando hace
mucho tiempo y puesta a consideración por primera vez por Egipto y presentada
nuevamente, según él, en la reunión de Países No Alineados en Teherán, la cual
consistía en avanzar hacia el establecimiento de una zona libre de armas
nucleares en la región. Para lograrlo, debía celebrarse en Finlandia, bajo los
auspicios de la ONU, una conferencia en el mes de diciembre del año pasado con
el propósito de desarrollarla. Pero todo fue inútil. La prensa no informó nada.
Irán manifestó su acuerdo de asistir a la reunión, pero días después Obama,
canceló la reunión aduciendo que no era el momento adecuado. El Parlamento
Europeo, al igual que los Estados Árabes, pidió no obstante que se mantuviera
la propuesta. Pero nada pasó. Con Corea
del Norte las cosas son a otro precio
debido, según él, a la desconfianza histórica de este país en relación con los
Estados Unidos.
Del
documento se pueden sacar dos conclusiones importantes: la primera de ellas es,
que una especie de espada de Damocles pende sobre una humanidad que no sabe o
no quiere darse por enterada que de suceder una confrontación nuclear, en
cuestión de horas se podría terminar con una realidad, hasta ahora única en el
Universo conocido: la especie humana, la que sólo pudo tener la posibilidad
de llegar a ser lo que es, gracias al
momento mismo en que surgió, por una casualidad evolutiva, la primera célula en
el planeta tierra. Proceso que duró cinco mil millones de años.
Pero no todo
puede ser pesimismo; los seres humanos hicimos del optimismo, un arma fabulosa
que tuvo que ver con los más importantes logros alcanzados en su proceso
evolutivo como especie. Hoy la Unión de Naciones Suramericanas, UNASUR, sin
pedirle permiso a nadie, avanza en su intento de proclamarse Territorio Libre
de Armas Nucleares y de que se le respete su decisión soberana de hacerlo. De
allí la inquietud de algunos países de la región, ante la decisión de Colombia
de firmar acuerdos de cooperación con la OTAN, organización que además de ser
una institución formada por la guerra y para la guerra, no tiene nada que ver
con nosotros; por algo se llama Organización del Atlántico Norte y no Sur;
tanto así que fue ella misma la que salió a aclarar que lo que el gobierno
colombiano pretendía, no era posible en ningún caso.
Ojalá el
filósofo estadounidense falle en su pesimismo y nuestra especie resulte tan
sensata como lo requieren los nuevos tiempos.
El comentario inicial ha sido tragado por la voracidad imperialista norteamericana.Decíamos que apreciamos tus acertadas manifestaciones al contexto internacional y el terrible valor criminal que juega la OTAN .Fuerte abrazo y" palante es pa lla."
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